Resumen elaborado por Rodolfo Casasola Macedo
En los últimos años se ha reflexionado intencionadamente acerca de la educación―comunicación. Analizar la comunicación ha sido una tarea permanente a través de los años, sobre todo en el siglo XX, denominado por algunos como el siglo de la comunicación.
La tarea educativa es un quehacer que no puede deslindarse de la comunicación, ya que para darse se vale de ésta, no se conciben buenos resultados en aquella si no se perfeccionan y entienden, sobre todo, los mecanismos que la conforman. Los estudiosos de la comunicación designan en ella tres elementos significativos intervinientes: el emisor, el preceptor (receptor) y el medio.
Ante la influencia indiscutible de los medios de comunicación que inciden en la sociedad actual de manera decisiva, es menester que los educadores contribuyamos a la formación de perceptores críticos e innovadores, aptos para obtener cualidades de construcción, creación, reconfiguración y búsqueda del verdadero significado de las imágenes y símbolos en los que niños, jóvenes y adultos están inmersos, a fin de evitar que sean alienados y desubicados de la realidad.
Es por ello necesario en alto grado que los docentes reflexionen sobre cómo se da el proceso de comunicación, ya que en la reflexión se recrea la racionalidad en su máximo grado, característica neta de los seres humanos.
Sólo utilizando signos la comunicación ocurre. En la actualidad se da mucha importancia a la comunicación como generación de significado. Los signos, según Peirce son: íconos (parecidos a su objeto, v.gr. mapas), índice (conexión real entre signo y objeto, v.gr. “si hay fiebre indica un problema de salud interno”) y símbolo (su conexión con el objeto es convencional, v.gr. un escudo)
La educación tradicional se ha caracterizado por favorecer un modelo unidireccional de comunicación, al que Freire llamó educación bancaria, siendo de esa misma manera la comunicación. Ésta es de tipo transmisor porque el docente (emisor) deposita información en sus estudiantes (los receptores) con la intención que sea reproducida puntualmente. No hay retorno de información, el emisor envía mensajes permanentemente a sus receptores y estos mensajes no dan respuestas. No hay interactividad, ni comunicación de ida y vuelta.
Es por ello que el proceso de la comunicación eficaz debe tener los siguientes componentes: fuente, mensaje, medio o canal, destino y sobre todo: retroalimentación (doble vía)
Se ha visto que el uso pedagógico de las nuevas tecnologías en la educación propicia la retroalimentación, la interactividad. Esta interactividad se puede dar a través de teléfono, chat, correo electrónico, correo tradicional. Se propicia así la comunicación bidireccional, se refuerza la retroalimentación, la libre interacción de los estudiantes con sus profesores y una educación más dinámica entre ellos evitando el aislamiento y superando las barreras tradicionales de espacio y de tiempo.
Ya es imposible prescindir de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (tic’s), ellas han impactado fuertemente tanto a la sociedad, como a la escuela. La función de las tic’s es mediar las relaciones entre el docente, el saber (objeto de estudio) y el estudiante.
Frente a los tiempos nuevos que vivimos y para no quedar rebasado, es necesario que el docente se comprometa a enmendar la manera de mediar el conocimiento y, por supuesto, cambie el modo de ofrecerlo a los estudiantes.
Ello se logra mediante una reflexión profunda, con la cual nos conducimos a la transformación o replanteamiento de los fines de la educación y a multiplicar los destinatarios de la misma. La reflexión ha de efectuarse sobre la función social del saber que se obtiene y se desarrolla a través de la mediación pedagógica, donde necesariamente entran en escena todos los actores de la tarea educativa: el docente, el estudiante, el conocimiento, las tecnologías informáticas y la cultura en un entorno específico.
Sin embargo no todo lo deseable es la aplicación de las nuevas tecnologías para hacer propicia la comunicación eficaz, nada podrá sustituir ventajosamente la inteligencia y don de gentes de un docente. “Una sonrisa, una caricia, valorar el esfuerzo y el progreso, exaltar lo bueno, una mirada, una muestra de afecto, son todos elementos positivos, agradables dentro del proceso de comunicación en el aula; ya que el clima emocional y afectivo que existe en el salón de clases es decisivo para el éxito de los procesos de enseñanza y de aprendizaje” (Correa 2009)
lunes, 14 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
¿Qué concepciones de aprendizaje nos parecen congruentes con el enfoque por competencias y por qué?
Hay un principio constructivista de que los conocimientos no pre-existen como tales sino que son construidos en el momento de la acción misma. De modo que en el constructivismo sería más propio hablar de una movilización de esquemas de acción que de una movilización de conocimientos, en tal sentido, cuando el aprendizaje es Constructivista, se relaciona en cuanto a sus fines y procesos al enfoque por competencias, veamos por qué:
En el enfoque constructivista, el sujeto que aprehende logra la apropiación de la realidad que asimila transformándose a sí mismo. Acomodándose al mismo tiempo que asimila -diría Piaget-, en los procesos de adaptación que tienen que ver con asimilación y acomodamiento. En el proceso de enseñanza y el aprendizaje del modelo constructivista se trata de “organizar esquemas” que conformen un individuo con diferencias estructurales luego de haber acomodado los nuevos a su nueva situación, sin tener en cuenta como el fin de la enseñanza la obtención de conocimientos o los cambios de conducta que operaba el conductismo.
El marco constructivista piagetiano, similar al enfoque por competencias, no pretenden hacer del estudiante una enciclopedia viviente o lograr conocimientos, los cuales son importantes, pero no son el fin, sino apenas parte del proceso; además se debe dejar muy claro que las competencias no son conocimientos, sino que son capacidades para actuar en ciertas situaciones de la vida, apoyándose -eso sí- en conocimientos -además de valores, habilidades y actitudes- es decir, en la experiencia y esquemas que el estudiante aporta.
También la Teoría del Aprendizaje Significativo de Ausubel tiene relación importante con el enfoque por competencias. En esta teoría, el aprendizaje se da de manera significativa cuando un nuevo conocimiento "se conecta" con una noción relevante existente con anterioridad en la estructura cognitiva, esto entraña que las ideas nuevas, los conceptos y conocimientos pueden ser aprendidos de manera significativa si las otras imágenes, pensamientos, o conceptos importantes están adecuadamente claros y dispuestos inmediatamente en la estructura cognitiva del individuo y que operen como punto de "anclaje" a las primeras. Aquí se trata de un Proceso activo e integrador entre el material de instrucción y las estructuras del estudiante.
Vigotsky explica que el desarrollo de las personas solamente puede ser explicado en términos de interacción social. En la obra de Vigotsky se encuentran presentes varios conceptos relevantes que resumen sus posturas teóricas: herramientas psicológicas, internalización y mediación, entre otras. Uno de los más importantes conceptos sobre el cual trabajó y al cual dio nombre es el conocido como Zona de desarrollo próximo, el cual se enmarca dentro de su teoría sobre el aprendizaje como un sendero hacia el desarrollo. La zona de desarrollo próximo se refiere al intervalo, brecha o diferencia entre las habilidades que ya posee el/la niño/a y lo que puede llegar a aprender a través de la guía o apoyo que le puede proporcionar un adulto o un par más competente, esto considerando lo que la sociedad, a través principalmente del lenguaje, le va aportando al principiante, para ir construyendo cada vez conceptos, ideas o conocimientos más complejos. La relación entre el enfoque por competencias y la teoría de Vigotsky también se da, cuando se tiene en cuenta, en esta última teoría las habilidades que el niño ya posee.
En el enfoque constructivista, el sujeto que aprehende logra la apropiación de la realidad que asimila transformándose a sí mismo. Acomodándose al mismo tiempo que asimila -diría Piaget-, en los procesos de adaptación que tienen que ver con asimilación y acomodamiento. En el proceso de enseñanza y el aprendizaje del modelo constructivista se trata de “organizar esquemas” que conformen un individuo con diferencias estructurales luego de haber acomodado los nuevos a su nueva situación, sin tener en cuenta como el fin de la enseñanza la obtención de conocimientos o los cambios de conducta que operaba el conductismo.
El marco constructivista piagetiano, similar al enfoque por competencias, no pretenden hacer del estudiante una enciclopedia viviente o lograr conocimientos, los cuales son importantes, pero no son el fin, sino apenas parte del proceso; además se debe dejar muy claro que las competencias no son conocimientos, sino que son capacidades para actuar en ciertas situaciones de la vida, apoyándose -eso sí- en conocimientos -además de valores, habilidades y actitudes- es decir, en la experiencia y esquemas que el estudiante aporta.
También la Teoría del Aprendizaje Significativo de Ausubel tiene relación importante con el enfoque por competencias. En esta teoría, el aprendizaje se da de manera significativa cuando un nuevo conocimiento "se conecta" con una noción relevante existente con anterioridad en la estructura cognitiva, esto entraña que las ideas nuevas, los conceptos y conocimientos pueden ser aprendidos de manera significativa si las otras imágenes, pensamientos, o conceptos importantes están adecuadamente claros y dispuestos inmediatamente en la estructura cognitiva del individuo y que operen como punto de "anclaje" a las primeras. Aquí se trata de un Proceso activo e integrador entre el material de instrucción y las estructuras del estudiante.
Vigotsky explica que el desarrollo de las personas solamente puede ser explicado en términos de interacción social. En la obra de Vigotsky se encuentran presentes varios conceptos relevantes que resumen sus posturas teóricas: herramientas psicológicas, internalización y mediación, entre otras. Uno de los más importantes conceptos sobre el cual trabajó y al cual dio nombre es el conocido como Zona de desarrollo próximo, el cual se enmarca dentro de su teoría sobre el aprendizaje como un sendero hacia el desarrollo. La zona de desarrollo próximo se refiere al intervalo, brecha o diferencia entre las habilidades que ya posee el/la niño/a y lo que puede llegar a aprender a través de la guía o apoyo que le puede proporcionar un adulto o un par más competente, esto considerando lo que la sociedad, a través principalmente del lenguaje, le va aportando al principiante, para ir construyendo cada vez conceptos, ideas o conocimientos más complejos. La relación entre el enfoque por competencias y la teoría de Vigotsky también se da, cuando se tiene en cuenta, en esta última teoría las habilidades que el niño ya posee.
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¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Algo que debe tener presente siempre el docente es que en el proceso de enseñanza y aprendizaje se relaciona con personas que traen, tras de sí una historia, a pesar de su corta edad. Esas personas, los estudiantes, llegan al aula con aprendizajes que han logrado a través del tiempo no solamente en la escuela, sino también en la vida misma. El docente debe poner de manifiesto en sus actos y en su forma de trabajo que los alumnos no son tabula rasa, en la que nada está escrito. Ha quedado muy atrás la escolástica idea de que “el maestro sabe y el alumno aprende, porque no sabe”.
En ese orden de ideas, considero como un importante papel del docente es prever para su clase PREGUNTAS bien estructuradas que problematicen lo que se tiene considerado en el temario. Es en ese sentido que debe quedar bien claro que los maestros hemos de diseñar situaciones problemáticas a partir de la organización de los esquemas de acción anteriores que posee el estudiante.
Al hablar de situaciones problemáticas y de la idea de “problematizar”, debemos –tanto estudiantes como docentes– partir del cuestionamiento. Regresar a la sana y perdida costumbre que tuvimos de niños cuando todo lo preguntábamos. Sin saberlo, en nuestra temprana edad, problematizamos y creamos competencias a partir de los constructos previos.
No es trivial ni frívolo empezar la sesión con una serie de preguntas, con que se recupera la parte de la experiencia y conocimiento con que cuentan los estudiantes en relación con el tema que está abordando el docente. Es además, muy importante meditar muy bien en las preguntas a plantear. Lo trivial sería, en todo caso, que las preguntas no tuvieran la profundidad requerida o se elaboraran de manera azarosa e improvisada.
Entonces, la problematización puede alcanzarse lanzando preguntas bien estructuradas, a semejanza de lo que nos dejó el Método Socrático en el que “se empieza preguntando con todo tipo de preguntas hasta que los detalles del ejemplo son evidenciados para ser luego usados como plataforma para alcanzar valoraciones más generales”.
Lo importante es llegar a encontrar el conflicto cognitivo, obligando a los esquemas a movilizarse en pos de su reorganización.
No es fácil hacerlo, sobre todo que las prácticas de enseñanza de los docentes mucho tienen de rutina y tradicionalismo, sin embargo, es necesario hacer de la clase un espacio de creación y de iniciativa que ira dejando, necesariamente, una competencia docente que tienda a hacer que los estudiantes encuentren su competencias de aprendizaje.
En ese orden de ideas, considero como un importante papel del docente es prever para su clase PREGUNTAS bien estructuradas que problematicen lo que se tiene considerado en el temario. Es en ese sentido que debe quedar bien claro que los maestros hemos de diseñar situaciones problemáticas a partir de la organización de los esquemas de acción anteriores que posee el estudiante.
Al hablar de situaciones problemáticas y de la idea de “problematizar”, debemos –tanto estudiantes como docentes– partir del cuestionamiento. Regresar a la sana y perdida costumbre que tuvimos de niños cuando todo lo preguntábamos. Sin saberlo, en nuestra temprana edad, problematizamos y creamos competencias a partir de los constructos previos.
No es trivial ni frívolo empezar la sesión con una serie de preguntas, con que se recupera la parte de la experiencia y conocimiento con que cuentan los estudiantes en relación con el tema que está abordando el docente. Es además, muy importante meditar muy bien en las preguntas a plantear. Lo trivial sería, en todo caso, que las preguntas no tuvieran la profundidad requerida o se elaboraran de manera azarosa e improvisada.
Entonces, la problematización puede alcanzarse lanzando preguntas bien estructuradas, a semejanza de lo que nos dejó el Método Socrático en el que “se empieza preguntando con todo tipo de preguntas hasta que los detalles del ejemplo son evidenciados para ser luego usados como plataforma para alcanzar valoraciones más generales”.
Lo importante es llegar a encontrar el conflicto cognitivo, obligando a los esquemas a movilizarse en pos de su reorganización.
No es fácil hacerlo, sobre todo que las prácticas de enseñanza de los docentes mucho tienen de rutina y tradicionalismo, sin embargo, es necesario hacer de la clase un espacio de creación y de iniciativa que ira dejando, necesariamente, una competencia docente que tienda a hacer que los estudiantes encuentren su competencias de aprendizaje.
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viernes, 7 de mayo de 2010
Los saberes de mis estudiantes
Los alumnos comentan cuáles son los lugares que utilizan para obtener información:
• Para buscar tarea google, yahoo
• Bajar música: Ares, limeware, e-mule, música.com, Dj virtual
• Para videos yuo tuve, musica.com
• Para imágenes y fotos Metroflog, myspace, nuevo display.com, eslamoda.com, muchosbesitos.com,
Mis alumnos consideran que los espacios para socializar es a través de:
• Correos electrónicos
• Chats
• Hi 5
• Dofus
• Programas .net
• Hackers.com
• Suporvirtual
• Vigpoint
Al realizar el análisis de cómo podemos utilizar internet para mejorar la clase se concluyó lo siguiente:
De nuestros alumnos, en la región en que me desenvuelvo como maestro, la gran mayoría de ellos aún no cuenta con computadora personal, aproximadamente un 60% sí tiene en su domicilio al menos una computadora conectada a internet.
El otro 40% requiere de los llamados ciber cafés para efectuar sus tareas o socializar con sus conocidos, sin embargo esto tiene para ellos limitantes ya que deben desembolsar, cada vez que trabajan en internet, un promedio de cincuenta pesos.
Se quedó con ellos en algunos acuerdos.
Crear una cuenta de correo electrónico para poder chatear entre los compañeros del grupo, de preferencia de las 18:00 a las 18:30, con la finalidad de que los que no tienen correo y no chatean, aprendan a realizar esta actividad.
Que reciban por mail su tarea para cada sesión
Intercambiar entre ellos a través de correos las páginas donde encuentren información importante para el tema.
Realizar un resumen escrito en el cuaderno sobre la actividad.
Se creará un blog en el grupo para compartir información.
• Para buscar tarea google, yahoo
• Bajar música: Ares, limeware, e-mule, música.com, Dj virtual
• Para videos yuo tuve, musica.com
• Para imágenes y fotos Metroflog, myspace, nuevo display.com, eslamoda.com, muchosbesitos.com,
Mis alumnos consideran que los espacios para socializar es a través de:
• Correos electrónicos
• Chats
• Hi 5
• Dofus
• Programas .net
• Hackers.com
• Suporvirtual
• Vigpoint
Al realizar el análisis de cómo podemos utilizar internet para mejorar la clase se concluyó lo siguiente:
De nuestros alumnos, en la región en que me desenvuelvo como maestro, la gran mayoría de ellos aún no cuenta con computadora personal, aproximadamente un 60% sí tiene en su domicilio al menos una computadora conectada a internet.
El otro 40% requiere de los llamados ciber cafés para efectuar sus tareas o socializar con sus conocidos, sin embargo esto tiene para ellos limitantes ya que deben desembolsar, cada vez que trabajan en internet, un promedio de cincuenta pesos.
Se quedó con ellos en algunos acuerdos.
Crear una cuenta de correo electrónico para poder chatear entre los compañeros del grupo, de preferencia de las 18:00 a las 18:30, con la finalidad de que los que no tienen correo y no chatean, aprendan a realizar esta actividad.
Que reciban por mail su tarea para cada sesión
Intercambiar entre ellos a través de correos las páginas donde encuentren información importante para el tema.
Realizar un resumen escrito en el cuaderno sobre la actividad.
Se creará un blog en el grupo para compartir información.
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Mi confrontación con la docencia
MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA
Rodolfo Casasola Macedo.
• ¿Cuándo, cómo y por qué me inicié como maestro?
Mi encuentro con el magisterio lo determinó la vocación, que se manifestó de forma casi espontánea en mi juventud. Luego hubo una rectificación de la ruta que llevaba mi preparación profesional.
En mi niñez tuve el interés de ser maestro, que quizá no lo percibí de manera conciente, ya que mi decisión de estudio, luego de haber concluido los estudios de secundaria fue en el sentido de estudiar una carrera de ingeniería. No me percaté o quizá no tuve la orientación vocacional adecuada para percibir o descubrir que mis intereses personales se enfocaban hacia otro rumbo: la docencia. Había ciertos signos o indicios en mis intereses que no supe interpretar adecuadamente en la etapa de la definición de la ruta que debía seguir mi preparación para la vida y, en el momento de la elección, me decidí por una carrera técnica, precisamente de ingeniería en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
La atracción por el magisterio se dio de forma muy importante para mí en la etapa en que fui estudiante de secundaria y esa afinidad la determinó, sin duda alguna mi maestra de de ese entonces. Yo estudié en una escuela Telesecundaria (de 1970 a 1973). En los primeros tiempos de esta modalidad educativa de los que soy partícipe, su estrategia básica consistía en tomar clases de maestros que aparecían en la televisión y en nuestro grupo teníamos a un docente denominado “maestro coordinador”, el cual reforzaba los contenidos presentados en la pantalla de la televisión por los maestros de todas las materias con actividades que los alumnos debíamos desarrollar para la apropiación y reforzamiento de dichos contenidos. La maestra coordinadora que tuve en primero y segundo grado era para mí una Maestra en toda la extensión de la palabra. Era muy dedicada a su labor docente. Quedó muy grabado en mí su diligencia y entrega a la enseñanza, lo cual era el producto de una vocación magisterial innegable. Mi maestra era la profesora Luz Coria Quiroz. Simplemente no le veía yo falla alguna. La percibí especialista en todo: en español, matemáticas, historia, física, química, etc. Era una persona poseedora de una gran cultura, con un léxico siempre correcto, una presentación personal impecable, hablaba perfectamente inglés ¡y náhuatl!, sus clases de historia de México eran muy interesantes, sabíamos que era especialista en la cultura mexica y que fue aspirante (sin éxito) a participar con dicha temática en el muy conocido programa de televisión de aquel entonces llamado “El Gran Premio de los 64,000 Pesos”. Sus clases de Civismo fueron para mí un hito importantísimo que trascendió el aula de clases. Yo esperaba ansiosamente esa materia porque ahí había de su parte relatos y consejos. Las exigencias que recibimos sus alumnos de ella marcaron profunda y positivamente mi actuar personal de toda mi vida. Por la buena ortografía, por el hablar de manera correcta por manifestar socialmente actitudes correctas, influyeron positivamente mi formación personal y mi capacidad de comunicación verbal y escrita (que son parte de los requisitos imprescindibles de todo docente): me transmitió el gusto por los libros y la lectura. En fin, era para mí la maestra perfecta, la que debería emular. Sin embargo poco antes de terminar la escuela secundaria algo incomprensible para mí me llevó a escoger el IPN, en lugar de buscar el ingreso a una Escuela Normal, como hubiese sido lo deseable para mí.
Realicé mis estudios de bachillerato en una escuela Vocacional en el Distrito Federal y al egresar de ella me inscribí e la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) del IPN. Sin embargo, mi insatisfacción conciente o inconciente me hizo ir cambiando la ruta en la que viajaba mi vida. Siendo estudiante del “poli” era mi parte de mi pasatiempo ayudar a mis vecinitos estudiantes de secundaria. Acudían a mí para que les “diera clases” de matemáticas y entendieran lo que no comprendían de sus maestros. Como único pago de los muchachitos que se acercaban a mí para recibir apoyo era la satisfacción de sentir que sí podía yo ayudarlos a aprender y recibir su reconocimiento con frases como “tú deberías ser mi maestro” o “tú sí sabes enseñar matemáticas”. Cuando cursaba la mitad de la carrera de Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica en la ESIME tuve la necesidad de buscar trabajo para sostener mis estudios y me topé con una disyuntiva que ahora con el tiempo la reconozco como crucial en mi vida: la oportunidad de lograr un trabajo en la compañía Teléfonos de México, a la sazón una empresa del sector estatal y en la cual laboraba uno de mis hermanos quien me ofrecía recomendarme para acceder a una plaza en la empresa; esta posibilidad era muy atractiva para mí ya que laborar en Telmex era desarrollarme en la carrera que estaba estudiando. El otro ofrecimiento que me hizo un maestro de mi pueblo era ocupar una vacante de maestro de matemáticas en una Escuela Secundaria oficial del subsistema del Estado de México. Mi decisión inmediata se dio por la segunda oferta y gustosamente hice todos los trámites necesarios para ingresar y fui contrado como docente de una escuelita secundaria en el municipio de Acolman, Estado de México. ¡Con qué gusto abracé la carrera magisterial! No me importaron las críticas de mi hermano que desaprobó tal decisión argumentando que mi futuro económico estaba asegurado si hubiese elegido a Telmex y, en palabras de él, como maestro no sería más que “un muerto de hambre”. Mi vida dio un giro en un sentido distinto. Fue tal mi satisfacción personal por estarme desarrollando en una actividad tan atrayente para mí que casi inmediatamente traté de matricularme en una Escuela Normal Superior, para especializarme como docente de matemáticas en los cursos intensivos de verano. Tuve primero una fallida intentona. Fui admitido en la Escuela Normal Superior de México (ENSM) y digo intentona fallida, porque aunque logré el ingreso a tan prestigiosa e importante institución educativa. Luego de aprobar el curso de nivelación pedagógica, que se daba a quienes ingresaban sin el antecedente de la Escuela Normal, ya no me fue posible seguir y concluir ahí mis estudios porque en el verano de 1983, la Secretaría de Educación Pública (SEP) desconoció los cursos intensivos de la ENSM por razones políticas y luego de un verano muy intenso en el que participé con mis compañeros en la defensa de nuestra escuela y cursos con marchas, mítines, asambleas, agresiones de las fuerzas policíacas, etc., finalmente la lucha se perdió ya que en agosto de 1983, al término del curso de verano, los granaderos invadieron la Escuela, la cual fue clausurada y “descentralizada”. Uno de los planteles descentralizados de la ENSM lo abrió la SEP en Querétaro y me ofrecieron acudir ahí para el siguiente curso de verano. Lo cual muy dignamente no acepté. Muchos de mis compañeros sí se fueron para allá o a algunos de los otros 3 centros distribuidos en la República. Consideré que no tenía caso dar la razón al gobierno federal que nos había reprimido y cerrado nuestro centro de estudios; era una forma de reconocer la derrota total.
Para 1984 realicé examen de selección en la Escuela Normal Superior No. 2 del Estado de México y fui aceptado en los cursos intensivos de verano de la “Licenciatura en Pedagogía con especialidad en Matemáticas”. En 1990 egresé de dicha institución y e 1993 logré mi título profesional. Mi dedicación al magisterio fue total. Ha sido el magisterio una fuente permanente de satisfacciones personales que han llenado mis expectativas de vida. Hoy a 27 años de esa elección que realicé, no me arrepiento de haber rectificado el camino, sé que desarrollo mi vocación y me desenvuelvo en lo que sé hacer y que con el ejemplo me enseño mi maestra Luz en la escuela Telesecundaria.
• ¿Qué pienso y siento de ser profesor?
Un gran orgullo, pero también una responsabilidad mayor debido a que en las manos del docente está el futuro de nuestro país. El docente será, para bien o para mal, el ejemplo del alumno.
• ¿Qué ha significado ser docente en educación media superior?
Trabajar en este nivel educativo representa un gran reto y a la vez la oportunidad de convivir con una parte de la sociedad que por tradición se la considera problemática. Sin embargo, cuando al alumno adolescente se le trata con la suficiente inteligencia para no hacerlo sentir víctima de autoritarismos o imposiciones, éste se manifiesta con una disposición buena en muchos sentidos, por ejemplo: el personal y en su trabajo académico. En los jóvenes alumnos del nivel medio superior se debe valorar su espíritu de la justicia, su amor a la defensa de causas justas, su búsqueda de identidad e individualidad, su rompimiento con los cánones establecidos, su búsqueda del amor, su sentimiento de solidaridad, etc. Cuando un docente logra entender plenamente todas estas características y logra que el alumno perciba o tenga la sensación de un sincero reconocimiento a sus cualidades y lo trata con justicia y sin simulaciones, hipocresías o disfraces, entonces, será un Maestro de jóvenes con pleno derecho de ser reconocido como tal.
Rodolfo Casasola Macedo.
• ¿Cuándo, cómo y por qué me inicié como maestro?
Mi encuentro con el magisterio lo determinó la vocación, que se manifestó de forma casi espontánea en mi juventud. Luego hubo una rectificación de la ruta que llevaba mi preparación profesional.
En mi niñez tuve el interés de ser maestro, que quizá no lo percibí de manera conciente, ya que mi decisión de estudio, luego de haber concluido los estudios de secundaria fue en el sentido de estudiar una carrera de ingeniería. No me percaté o quizá no tuve la orientación vocacional adecuada para percibir o descubrir que mis intereses personales se enfocaban hacia otro rumbo: la docencia. Había ciertos signos o indicios en mis intereses que no supe interpretar adecuadamente en la etapa de la definición de la ruta que debía seguir mi preparación para la vida y, en el momento de la elección, me decidí por una carrera técnica, precisamente de ingeniería en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
La atracción por el magisterio se dio de forma muy importante para mí en la etapa en que fui estudiante de secundaria y esa afinidad la determinó, sin duda alguna mi maestra de de ese entonces. Yo estudié en una escuela Telesecundaria (de 1970 a 1973). En los primeros tiempos de esta modalidad educativa de los que soy partícipe, su estrategia básica consistía en tomar clases de maestros que aparecían en la televisión y en nuestro grupo teníamos a un docente denominado “maestro coordinador”, el cual reforzaba los contenidos presentados en la pantalla de la televisión por los maestros de todas las materias con actividades que los alumnos debíamos desarrollar para la apropiación y reforzamiento de dichos contenidos. La maestra coordinadora que tuve en primero y segundo grado era para mí una Maestra en toda la extensión de la palabra. Era muy dedicada a su labor docente. Quedó muy grabado en mí su diligencia y entrega a la enseñanza, lo cual era el producto de una vocación magisterial innegable. Mi maestra era la profesora Luz Coria Quiroz. Simplemente no le veía yo falla alguna. La percibí especialista en todo: en español, matemáticas, historia, física, química, etc. Era una persona poseedora de una gran cultura, con un léxico siempre correcto, una presentación personal impecable, hablaba perfectamente inglés ¡y náhuatl!, sus clases de historia de México eran muy interesantes, sabíamos que era especialista en la cultura mexica y que fue aspirante (sin éxito) a participar con dicha temática en el muy conocido programa de televisión de aquel entonces llamado “El Gran Premio de los 64,000 Pesos”. Sus clases de Civismo fueron para mí un hito importantísimo que trascendió el aula de clases. Yo esperaba ansiosamente esa materia porque ahí había de su parte relatos y consejos. Las exigencias que recibimos sus alumnos de ella marcaron profunda y positivamente mi actuar personal de toda mi vida. Por la buena ortografía, por el hablar de manera correcta por manifestar socialmente actitudes correctas, influyeron positivamente mi formación personal y mi capacidad de comunicación verbal y escrita (que son parte de los requisitos imprescindibles de todo docente): me transmitió el gusto por los libros y la lectura. En fin, era para mí la maestra perfecta, la que debería emular. Sin embargo poco antes de terminar la escuela secundaria algo incomprensible para mí me llevó a escoger el IPN, en lugar de buscar el ingreso a una Escuela Normal, como hubiese sido lo deseable para mí.
Realicé mis estudios de bachillerato en una escuela Vocacional en el Distrito Federal y al egresar de ella me inscribí e la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) del IPN. Sin embargo, mi insatisfacción conciente o inconciente me hizo ir cambiando la ruta en la que viajaba mi vida. Siendo estudiante del “poli” era mi parte de mi pasatiempo ayudar a mis vecinitos estudiantes de secundaria. Acudían a mí para que les “diera clases” de matemáticas y entendieran lo que no comprendían de sus maestros. Como único pago de los muchachitos que se acercaban a mí para recibir apoyo era la satisfacción de sentir que sí podía yo ayudarlos a aprender y recibir su reconocimiento con frases como “tú deberías ser mi maestro” o “tú sí sabes enseñar matemáticas”. Cuando cursaba la mitad de la carrera de Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica en la ESIME tuve la necesidad de buscar trabajo para sostener mis estudios y me topé con una disyuntiva que ahora con el tiempo la reconozco como crucial en mi vida: la oportunidad de lograr un trabajo en la compañía Teléfonos de México, a la sazón una empresa del sector estatal y en la cual laboraba uno de mis hermanos quien me ofrecía recomendarme para acceder a una plaza en la empresa; esta posibilidad era muy atractiva para mí ya que laborar en Telmex era desarrollarme en la carrera que estaba estudiando. El otro ofrecimiento que me hizo un maestro de mi pueblo era ocupar una vacante de maestro de matemáticas en una Escuela Secundaria oficial del subsistema del Estado de México. Mi decisión inmediata se dio por la segunda oferta y gustosamente hice todos los trámites necesarios para ingresar y fui contrado como docente de una escuelita secundaria en el municipio de Acolman, Estado de México. ¡Con qué gusto abracé la carrera magisterial! No me importaron las críticas de mi hermano que desaprobó tal decisión argumentando que mi futuro económico estaba asegurado si hubiese elegido a Telmex y, en palabras de él, como maestro no sería más que “un muerto de hambre”. Mi vida dio un giro en un sentido distinto. Fue tal mi satisfacción personal por estarme desarrollando en una actividad tan atrayente para mí que casi inmediatamente traté de matricularme en una Escuela Normal Superior, para especializarme como docente de matemáticas en los cursos intensivos de verano. Tuve primero una fallida intentona. Fui admitido en la Escuela Normal Superior de México (ENSM) y digo intentona fallida, porque aunque logré el ingreso a tan prestigiosa e importante institución educativa. Luego de aprobar el curso de nivelación pedagógica, que se daba a quienes ingresaban sin el antecedente de la Escuela Normal, ya no me fue posible seguir y concluir ahí mis estudios porque en el verano de 1983, la Secretaría de Educación Pública (SEP) desconoció los cursos intensivos de la ENSM por razones políticas y luego de un verano muy intenso en el que participé con mis compañeros en la defensa de nuestra escuela y cursos con marchas, mítines, asambleas, agresiones de las fuerzas policíacas, etc., finalmente la lucha se perdió ya que en agosto de 1983, al término del curso de verano, los granaderos invadieron la Escuela, la cual fue clausurada y “descentralizada”. Uno de los planteles descentralizados de la ENSM lo abrió la SEP en Querétaro y me ofrecieron acudir ahí para el siguiente curso de verano. Lo cual muy dignamente no acepté. Muchos de mis compañeros sí se fueron para allá o a algunos de los otros 3 centros distribuidos en la República. Consideré que no tenía caso dar la razón al gobierno federal que nos había reprimido y cerrado nuestro centro de estudios; era una forma de reconocer la derrota total.
Para 1984 realicé examen de selección en la Escuela Normal Superior No. 2 del Estado de México y fui aceptado en los cursos intensivos de verano de la “Licenciatura en Pedagogía con especialidad en Matemáticas”. En 1990 egresé de dicha institución y e 1993 logré mi título profesional. Mi dedicación al magisterio fue total. Ha sido el magisterio una fuente permanente de satisfacciones personales que han llenado mis expectativas de vida. Hoy a 27 años de esa elección que realicé, no me arrepiento de haber rectificado el camino, sé que desarrollo mi vocación y me desenvuelvo en lo que sé hacer y que con el ejemplo me enseño mi maestra Luz en la escuela Telesecundaria.
• ¿Qué pienso y siento de ser profesor?
Un gran orgullo, pero también una responsabilidad mayor debido a que en las manos del docente está el futuro de nuestro país. El docente será, para bien o para mal, el ejemplo del alumno.
• ¿Qué ha significado ser docente en educación media superior?
Trabajar en este nivel educativo representa un gran reto y a la vez la oportunidad de convivir con una parte de la sociedad que por tradición se la considera problemática. Sin embargo, cuando al alumno adolescente se le trata con la suficiente inteligencia para no hacerlo sentir víctima de autoritarismos o imposiciones, éste se manifiesta con una disposición buena en muchos sentidos, por ejemplo: el personal y en su trabajo académico. En los jóvenes alumnos del nivel medio superior se debe valorar su espíritu de la justicia, su amor a la defensa de causas justas, su búsqueda de identidad e individualidad, su rompimiento con los cánones establecidos, su búsqueda del amor, su sentimiento de solidaridad, etc. Cuando un docente logra entender plenamente todas estas características y logra que el alumno perciba o tenga la sensación de un sincero reconocimiento a sus cualidades y lo trata con justicia y sin simulaciones, hipocresías o disfraces, entonces, será un Maestro de jóvenes con pleno derecho de ser reconocido como tal.
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Cómo percibo mi docencia
SRodolfo Casasola Macedo.
Soy maestro normalista con una larga experiencia, he trabajado en primaria, secundaria y bachillerato. Soy Licenciado en Pedagogía con especialidad en Matemáticas y soy pasante de la Maestría en Ciencias de la Educación. Laboré como docente de aula durante 23 años, en los distintos niveles que mencioné. Desde el 1 de septiembre de 1985 he laborado en Educación Media Superior, como docente del área de Matemáticas y los últimos cinco años como directivo y en una Supervisión Escolar. Aunque ya no trabajo en salón de clases, porque laboro en una Supervisión Escolar de Bachillerato General, la experiencia diaria es muy intensa y fascinante, tanto como cuando fui docente frente a grupo.
Mi horario de trabajo es de 9:00 a.m. a 6:00 p.m. Todos los días me presento puntual al trabajo a las 9:00 hrs. Casi siempre soy el que llega primero. Cuando llego la oficina está muy sola, limpiecita, pues la Sra. Intendente ya hizo el aseo diario muy de mañana. Esta oficina es muy térmica, en invierno es muy calientita y en verano, cuando a la intemperie agobia el calor, dentro de la oficiana se siente muy fresquecita; qué bueno que la oficina no es fría en las mañanas como lo era la oficina donde anteriormente trabajé, simplemente era un congelador, nadie de los que ahí trabajábamos se despojaba de su abrigo en todo el día.
Como Auxiliar de Supervisión, que ese es mi cargo ahí, siempre me he avocado a realizar trabajo administrativo, de revisión, información, compilación, atención a directivos, docentes, padres de familia y alumnos que solicitan alguna información o entregan algún trabajo o escrito.
En la Supervisión Escolar trabajamos sólo tres personas: el Supervisor Escolar, la secretaria mecanógrafa y yo que soy el Auxiliar Técnico de Supervisión.
Trabajo en la Supervisión a partir de agosto de 2005 hasta la fecha. De julio de 2008 a julio de 2009, mi superior inmediato –el supervisor escolar- solicitó un Año Sabático, periodo en que se separó de su plaza, para efectuar trabajo académico de elaboración de una obra pedagógica. Durante ese año, estuve a cargo de la Zona Escolar (15 escuelas, 398 docentes y 5660 alumnos), como encargado del despacho los primeros 7 meses y los últimos 5 meses con el nombramiento temporal de Supervisor Escolar.
El haber dejado el trabajo áulico para dedicarme a la labor administrativa y técnica de una Supervisión me representó un cambio muy drástico de mi rutina de tantos años. Al principio –los primeros meses- sentía cierta nostalgia por el trabajo directo con mis alumnos, pero poco a poco, las dinámicas laborales de mi puesto fueron siendo cada día más atractivas para mí y me fueron haciendo tener un cariño enorme a mi trabajo como Auxiliar de Supervisión.
Cada día que me presento con mucho agrado a mi oficina por las mañanas solo le pido en silencio a mi Dios que me otorgue inteligencia, fuerzas, agudeza, conocimientos y la capacidad de comunicación para resolver las situaciones ordinarias o problemáticas que se irán a presentar en el día y al terminar la jornada, a las 6 de la tarde (o a veces algo más tardecito), cuando terminamos de apagar las computadoras, los aparatos, acomodar nuestro escritorio y luego de cerrar la puerta y me dirijo al estacionamiento con el cansancio que nos dejaron 9 horas de intenso trajín, digo: gracias Señor que me permitiste salir por el día de hoy bien librado y que he aprendido un poco más.
Soy maestro normalista con una larga experiencia, he trabajado en primaria, secundaria y bachillerato. Soy Licenciado en Pedagogía con especialidad en Matemáticas y soy pasante de la Maestría en Ciencias de la Educación. Laboré como docente de aula durante 23 años, en los distintos niveles que mencioné. Desde el 1 de septiembre de 1985 he laborado en Educación Media Superior, como docente del área de Matemáticas y los últimos cinco años como directivo y en una Supervisión Escolar. Aunque ya no trabajo en salón de clases, porque laboro en una Supervisión Escolar de Bachillerato General, la experiencia diaria es muy intensa y fascinante, tanto como cuando fui docente frente a grupo.
Mi horario de trabajo es de 9:00 a.m. a 6:00 p.m. Todos los días me presento puntual al trabajo a las 9:00 hrs. Casi siempre soy el que llega primero. Cuando llego la oficina está muy sola, limpiecita, pues la Sra. Intendente ya hizo el aseo diario muy de mañana. Esta oficina es muy térmica, en invierno es muy calientita y en verano, cuando a la intemperie agobia el calor, dentro de la oficiana se siente muy fresquecita; qué bueno que la oficina no es fría en las mañanas como lo era la oficina donde anteriormente trabajé, simplemente era un congelador, nadie de los que ahí trabajábamos se despojaba de su abrigo en todo el día.
Como Auxiliar de Supervisión, que ese es mi cargo ahí, siempre me he avocado a realizar trabajo administrativo, de revisión, información, compilación, atención a directivos, docentes, padres de familia y alumnos que solicitan alguna información o entregan algún trabajo o escrito.
En la Supervisión Escolar trabajamos sólo tres personas: el Supervisor Escolar, la secretaria mecanógrafa y yo que soy el Auxiliar Técnico de Supervisión.
Trabajo en la Supervisión a partir de agosto de 2005 hasta la fecha. De julio de 2008 a julio de 2009, mi superior inmediato –el supervisor escolar- solicitó un Año Sabático, periodo en que se separó de su plaza, para efectuar trabajo académico de elaboración de una obra pedagógica. Durante ese año, estuve a cargo de la Zona Escolar (15 escuelas, 398 docentes y 5660 alumnos), como encargado del despacho los primeros 7 meses y los últimos 5 meses con el nombramiento temporal de Supervisor Escolar.
El haber dejado el trabajo áulico para dedicarme a la labor administrativa y técnica de una Supervisión me representó un cambio muy drástico de mi rutina de tantos años. Al principio –los primeros meses- sentía cierta nostalgia por el trabajo directo con mis alumnos, pero poco a poco, las dinámicas laborales de mi puesto fueron siendo cada día más atractivas para mí y me fueron haciendo tener un cariño enorme a mi trabajo como Auxiliar de Supervisión.
Cada día que me presento con mucho agrado a mi oficina por las mañanas solo le pido en silencio a mi Dios que me otorgue inteligencia, fuerzas, agudeza, conocimientos y la capacidad de comunicación para resolver las situaciones ordinarias o problemáticas que se irán a presentar en el día y al terminar la jornada, a las 6 de la tarde (o a veces algo más tardecito), cuando terminamos de apagar las computadoras, los aparatos, acomodar nuestro escritorio y luego de cerrar la puerta y me dirijo al estacionamiento con el cansancio que nos dejaron 9 horas de intenso trajín, digo: gracias Señor que me permitiste salir por el día de hoy bien librado y que he aprendido un poco más.
Etiquetas:
docente,
educación media superior,
supervisión
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